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El Descenso

La verdad no es verdad para ti mientras no la creas, mas para convencerte a ti y a la sapientia que tu razón es más razonable, debes partir de la premisa de que, como expresó Einstein: “Todas las teorías son verdaderas hasta no demostrar su falsedad”, quien parafraseó aquello de que el acusado es inocente hasta que no se demuestre su culpabilidad. De esto trata este discurso y veremos si logro mi objetivo de volver la verdad mentira y hacer de la mentira realidad.

1492 es el año que vino a cambiar el rumbo del mundo pero para el mundo maya y azteca 1519 es el crucial, año que marcó un nuevo orden, un cambio de chip en la mentalidad y estructura en lo que hoy es Mixco, y para más exactitud el Viernesanto, día en que se cumplía la vieja leyenda de Quetzalcúatl, camuflado como guerrero presbítero, con una cruz en la mano, venido del cielo, de un mundo insospechado, de allende los mares, de la morada del Sol, fasto para unos, nefasto para otros, como siempre. Pues bien, ese desastroso, o afortunado, cada quien habla de la feria como le va, día desembarcó Cortés con su hueste en lo que hoy es Veracruz y entonces área dominada por los tan temidos como odiados azteca. Quiero subrayar, para salvar cualquier confusión, que cuando pisó o pisoteó, lo dejo a tu criterio, Tabasco y antes Cozumel, eran tierras dominadas por los maya, y por lo tanto no era Mixco (pronúnciese Mishco, como Mixcóac, de Mixcúatl, otro nombre de Quetzalcúatl [Topiltzin II 2007:330-339]), vocablo que degeneró en México (Méshico) y más tarde “Méjico” pero in illo tempore el uso de la j todavía no se había normalizado, la que en un principio vino a sustituir a la vocal i cuando fungía como consonante (y) y luego a la x con el mismo sonido, j francesa o sh.

En cualquier libro, que ya ningún joven lee, y en cualquier sitio cibernético, a los que estamos obligados los viejos para ilustrar, y a veces más para “desilustrar”, leerás que las fechas sobre el periplo cortesiano giran alrededor del desembarco ese Viernesanto: 22 de abril de 1519. Pero en realidad, el cronista más fidedigno de la hazaña de la Conquista de Mixco, quien la vivió, es Bernal Díaz del Castillo (DC), el único que se percató de la grandeza que estaban viviendo y construyendo y quien está muy lejos de indicar que fue tal fecha. Todos los demás se basan, o nos basamos, en su fuente, mas siguiendo fielmente sus pasos no se puede llegar a otra conclusión que la susodicha fecha es errónea y he allí el dilema porque desata una tempestad que no ha amainado y ahora 500 años exactos más tarde es necesario atar cabos para dilucidar si realmente es, no digo verídica, sino factible, esa fecha que la Historia ha dado como irrevocablemente cierta.

He observado que la inmensa mayoría de esos sitios cibernéticos (lamentablemente serios) han aceptado la sobredicha fecha sin chistear y colaborado así a difundir la desilustración. Alguno que otro más analítico y conocedor y que no solamente plagia la información, ha reaccionado ante tal discordancia (anomalía en Popper) de la “hazaña” cortesiana, pero mientras que éstos al final han concluido que los libros tienen razón ya que sus autores lo han estudiado meticulosamente, yo me quedé con la espina y esa angustia cada vez que leía la fecha del desembarco, la de la fundación de Veracruz o la de la batalla de Tabasco, me asfixiaba, me revolvía de dolor y una voz me gritaba: –¡cobarde!, así que no vislumbré otro camino que tratar de desmoronar su endeble estructura y para demostrarlo, aunque la tesis resulte un poco tediosa, me sentí obligado a dar más evidencias y detalles de los que yo hubiese requerido y deseado. Ahora estoy convencido que al final logré sacármela, al menos ya no me duele, estoy en paz; he encontrado mi verdad, aunque sea mentira.

Para abreviarme un poco de texto le he cortado un fragmento a Y el Viento Volvió de Topiltzin II, quien al final de la obra resume parte de la incongruencia y concluye:

“Gran parte de las fechas referentes a la expedición española que desembocó en la conquista de Mixko y Anáwak son poco fiables. ‘Itzácuatl’ [Prelado Inmaculado; así nombra a Hernán Cortés justificando que era Quetzalcúatl quien regresaba] parte de Cuba en febrero (el 1, el Jueves 10, tradicionalmente la verdadera, o el 12, dada por el mismo comodoro), después de misa. En Cozumel permanece algo así como tres semanas y penetra el país por el río Tabasco, hoy “Grijalva”, presumiblemente el 12. Los primeros tres días batallan contra los nativos quedándose cinco días más, reembarcándose por la tarde del Domingo de Ramos, versión de Díaz del Castillo (DC); al otro día muy temprano se hacen a la vela y llegan a Chalchicuihican, hoy Veracruz, el Juevesanto por la tarde. No se da por ningún lado fecha concreta, ¿era necesario?”

Abro un paréntesis para aclarar la pregunta retórica de Topiltzin: No, en ese entonces no era necesario, sería como invitar a un amigo mixcano a dar el “Grito” y anunciarle que es el 15 de septiembre, por la noche; la fecha y hasta la hora están de más. En esa época no había calendarios ni teléfonos que te indicaran la hora ni la fecha; veías el sol para saber el tiempo y cada domingo en misa te informaban de las festividades venideras, las que regían la vida cotidiana y las costumbres. El padre de la parroquia era el personaje con más “me gusta” y cuidado con aquél que no le gustara. Y continúa Topiltzin:

“De acuerdo al calendario católico romano, la pascua cayó el 24 de abril aquel 1519. Historia da por hecho que ésa fue la Santa de la Vera Cruz: Juevesanto 21 la llegada y 22 el desembarco. La duda es inmensa y calcinante: Cómo es posible que del 21 de marzo les haya tomado todo un mes navegar una distancia que normalmente se cubría en 3-4 días. De Cozumel a Tabasco, más o menos lo doble, esperando una nave extraviada durante un día y, además, regresándose a buscarla, se tardaron ¡ocho dinos! [días con sus noches] ¿Dónde están las tres semanas y pico que faltan? Historia no las ha encontrado. ¿Se lo ha cuestionado? Justo es que le facilitemos una lupa cognitiva a la pobre anciana que ya hasta se le olvidó lo que andaba buscando, hace 500 años. Tengo una, fragmentada en tres gotas de colirio y un ácatl:”

Es menester hacer aquí una incisión porque da detalles que anteriormente ya ha explicado a lo largo de su novela-ensayo, los que resultarían complicados para quien no ha seguido la obra, pero basándome en el autor explico esas curiosas “gotas de colirio” y ácatl (caña, carrizo, vara/metro, lanza y un día y año en el calendario azteca. Además no es cualquier día, es el símbolo de Quetzalcúatl, la planta de maíz, y el día y año que señaló para su retorno) sin ennumerarlas, como el autor lo hace, y las completo con argumentos y sus respectivas fuentes (cuidadosamente seleccionadas) que hace 15 años, cuando el libro estaría redactándose, eran más difíciles de conseguir, por la proliferación eléctrica de los sitios WEB de los últimos años; así que allá vamos.

La infidelidad sobre la partida desde Cuba ni le pone ni le quita al objetivo de este embrollo, o desembrollo, tú decides, por los acontecimientos que sucedieron posteriormente y que ahora te voy a detallar: en Cozumel hacen una escala de poco más de dos semanas antes de continuar su ambiciosa búsqueda de oro debido en parte al percance de una nave, que a la postre resultó ser una gracia, la que estaba zozobrando, viéndose obligados a regresar a repararla. Me es indispensable mencionar que estando ya listos, nuevamente otro obstáculo se presenta: intempestivamente se suelta una tormenta y tienen que desembarcar y esperar al día siguiente. Al otro día, en el preciso momento de la repartida definitiva llega –la gracia– Herónimo de Aguilar, un ecijano prisionero en un reino maya hacía ya varios años, a quien habían estado esperando y la otra parte del motivo de haber prolongado su estancia allí. Es imprescindible observar que sin la presencia binomial de Aguilar y la Malinche la conquista se hubiera atrasado muchos años y con toda seguridad Cortés no hubiera sido el conquistador de Mixco; pero la cosa es que las cosas se dieron así y debe haber alguna razón, aunque esta razón no sea razonable.

Narra Díaz del Castillo que zarpan definitivamente el 4 de marzo (Ixtlilxóchitl, entre otros, asegura que fue el primer domingo de Cuaresma y si es así entonces fue 6, por lo que el trayecto debió haberles tomado máximo una semana. Lindeström, p. 29, apunta que su barco tenía una singladura [navegación en 24 h] en condiciones normales de aproximadamente 334 km, casi 14 km/h; Ambelain 1992:249, basado en Tito Livio, y la página web de la Revista Sector Marítimo de Ingeniería Naval, concuerdan en una velocidad de aproximadamente 30 km/h para ese tipo de naos. Sin duda la velocidad dada por Lindeström, datada en 1654, es la más acertada [Comellas 1991:147 confirma que con viento óptimo Colón alcanzó una velocidad de 19 km/h, y Coín 2003:59, 79, 99 y 1993:34, en un viaje experimental en “La Niña de Cádiz” en 1990, una media de 13 km/h] ya que él mismo [Lindeström] la midió, mientras que las otras dos son más teóricas y pareciese que el velamen llevara turbo; el mismo Colón, en la pluma de Landa, nos da unos 12 km/h pero más por motivo de ir esperando la nao más pesada y de las precauciones nocturnas) y no sin algunos percances al fin alcanzan Tabasco el 12. Allí enfrentan hostilidades sin importancia pero menciona que después de tres días sufrieron una embestida furiosa, la que recordará como “una gran batalla” acaecida el “Día de Nuestra Señora de Marzo”, tan grabada en su memoria por haberlo tomado como un milagro y porque andando el tiempo se fundó allí una villa con el nombre de Santa María de la Victoria. Inolvidable la coincidencia y extremadamente esencial para nuestros fines, sin embargo no me ha sido posible indagar cuándo se celebraba esa fiesta católica para cotejarla con las fechas de DC. De todos modos he concluido que tal fiesta debió haberse celebrado el 15 con un margen aceptable de error de un par de días antes o después. No obstante, siguiendo la cronología de DC parece lógico fijarla al 15, y aunque en un momento de su relato contradictoriamente parece situarla al 13, el análisis ulterior en relación al próximo domingo, el de Ramos, indica que es un error y el propio recuento lógico la vuelve a colocar al 15. Yo sólo requería una base más sólida para evitar caminos tan estrechos y escabrosos pero así se quedó.

Como es sabido, y es la tesis de la novela Y el Viento Volvió, el cristianismo está fundamentado en otras religiones, sobre todo en el judaísmo –la cual tampoco se escapa de celebrar fiestas netamente paganas y por lo que es infame llamar “paganas” a esas religiones que no son cristianas o judías– y en la religión romana, que tanta influencia ejerció por ser los romanos quienes dominaban el mundo y por haberlo adoptado como religión imperial, desembocando en lo que hoy es el Vaticano. El sincretismo y eclecticismo era inevitable, como pasó en Mixco con la virgen de Guadalupe (Tonantzin), por lo que tomó muchas festividades “paganas” para así entrar de golpe a la ideología reinante, entre otras el mito del nacimiento de Jesús.

Marzo en Roma era el mes dedicado a Marte (dios de la guerra, de ahí el nombre del mes) y aparentemente paradójico a la agricultura y a las mujeres como fuente de procreación, a la Magna Mater, la Madre Universal creadora de la vida terrenal, por lo que el primer día se celebraba la fiesta de las casadas, Matronalia, el 15 la de Anna Perenna y después las de la agricultura, germinación de la naturaleza y frutos de la tierra y la de Cibeles, madre y amante de Attis, de quien luego hablaremos. Las bendecidas para quedar embarazadas en la feria y rito de Lupercalia, realizada el mes anterior, tendrían que estar ya gestando o en vía de ser inseminadas, las que con suerte podrían estar pariendo en diciembre. Los últimos días del mes se dedicaban a la exaltación de Cibeles, otra advocación de Lucina, la luna. Es fundamental hacer hincapié que la mayoría de las civilizaciones han adorado al Sol (señor) y a la Luna (señora) por su influencia en la vida terrenal, en la que los ciclos selénicos han sido determinantes y por lo que el mes comenzaba con luna nueva llegando a su plenitud el 15, 14 por la noche, luna plena, la mujer en todo su esplendor, como Luna, y poder reproductivo como ser biológico. El día de la Natividad (que no siempre fue ni en diciembre ni en 25) no es ninguna excepción ni las distintas festividades de la virgen madre católica representada también como Luna. Por tal motivo y sin ninguna otra fuente que mi intuición y mi propia deducción, me inclino decididamente por el día 15 como la fiesta de Nuestra Señora de Marzo. Por otra parte el 25 había otra celebración muy importante pero ésta la explicaré más abajo.

Teniendo ya fijo dicho acontecimiento, marzo 15, cuenta DC que estuvieron cinco días más, que el último cortaron ramas e hicieron procesión y misa para celebrar el Domingo de Ramos antes de embarcarse por la tarde y zarpar al otro día por la mañana. Esta celebración es decisiva ya que viene a restarle importancia a la inescrutable fecha de Nuestra Señora de Marzo, aunque paradójicamente viene a confirmar que con toda seguridad tal fiesta sí fue el 15 y así ambas se refuerzan pues efectivamente he comprobado que el 20 de marzo de 1519 fue domingo.

Por eso, como expresa Topiltzin II, “la duda es calcinante”. Cómo es posible que navegando del 21 de marzo hayan llegado a Veracruz un mes después, cuando teniendo una singladura normal de 300 km debieron haber cubierto tal distancia en tres días. Esos días misteriosos son muy parecidos a los años oscuros de Jesús, en su caso la fe los puede explicar o hacerse de la vista gorda, pero la ciencia no puede vivir de la fe, por eso algunos reconstructores de la historia, para disimular el hoyo, han remozado la estructura posponiendo la fecha o inventando que tuvieron que quedarse un mes después de la batalla (la que duró sólo un par de horas) para dar tiempo a que los heridos sanaran, pero no hay ninguna fuente fidedigna que acredite tal hecho, y contrariamente asevera DC que sólo tuvieron dos bajas, Cortés ninguna, y algunos heridos; además, nunca tuvieron grandes pérdidas con excepción de la “Noche Triste”. El mismo Cortés titubea un poco y escribe que permanecieron cuatro o cinco días más, total concordancia con DC. ¿Existe la remota posibilidad de que uno haya padecido amnesia y olvidado lo que se hizo durante esos 33 días?, todo es posible, pero que los dos, las únicas fuentes oculares recuerden que sólo permanecieron de 3 a 5 días más y la Historia negarlo, me parece no sólo absurdo, sino descortés y lisonjero, por lo que para mí la incertidumbre de la “Gran Batalla” se desvanece: acaeció el 15 y disipa totalmente la duda de que el enigmático Domingo de Ramos fuera, porque tiene que ser, 20 de marzo. Para destruir la consumación de la Leyenda de Quizalcúatl que sutilmente se va autorecreando, la que algunos ilustres autores niegan y aseguran que es un invento postcortesiano, se podría argüir que de todas maneras no fue el oficial litúrgico romano, 17 de abril, sí, pero este es otro cantar. La cosa es que desmontar ese domingo 20 de marzo para construir un 17 de abril es necesario la mano de Dios; más bien una diabólica.

Cuenta DC que “navegando con buen tiempo” llegaron a Chalchiuhcuihican (también Chalchicueyecan, de chalchiwitl, jade, la joya más apreciada y valiosa y otro símbolo de Quizalcúatl; cuicuiyoca, destellos, de las piedras preciosas o de los peces en el agua; y can, lugar, pero esotéricamente El Hogar de Chalchiuj-tlicue o cueye, la dualidad femenina de Tláloc y reina del mar y la tempestad; el Hurakán maya, otra advocación de Kukulkán o Kitzalcúatl) el Jueves por la tarde y al otro día, Viernesanto, desembarcaron para celebrar misa. Y ya vamos entrando al asunto que tanto nos atañe: porqué ese Viernes tiene toda la facha de ser 25 de marzo y no 22 de abril. El error en el que todos los historiadores han caído es que sólo se han concretado en confirmar la fecha de la Pascua del calendario litúrgico y supuesto que DC se tragó esos 33 días, pero eso a mí no me entra por ningún lado. Y yo como Unamuno: “Más vale la mentira en que creo que la verdad en que no creo”. Mas tengo que explicar esa mentira en que creo, la otra solución que la Historia no ha sondeado y lo que dificulta tragarme su “verdad”.

La determinación de la Pascua se concretizó desde los albores del cristianismo, sí, el año 325, de manera que nunca se montara con la judía, la que con una pequeña variación es la misma que rige hasta nuestros días. Sin embargo, en esa época sin imprenta y gran escasez de papel y en la que incluso polulaban distintos tipos de calendarios, resultó difícil de implementarse sincronizando todo el mundo cristiano con sus reinos y pequeñas poblaciones, el que además estaba dividido y en guerra con otras creencias internas menos dogmáticas; y el hecho de ser movible empeoró la situación. Luego, con la propuesta de Exiguo, la que veremos enseguida, se multiplicó la necesidad de saber la fecha concreta de tal magnánimo acontecimiento. ¿Una fiesta movible!, qué complicado, había que fijarla o al menos hacer que no fluctuara tanto; era más práctico.

En un principio la Natividad no se consideró tan trascendental como la Crucifixión, el interés humano de crear mártires es prehistórico, además aquélla resultaba más imprecisa de determinar. Dionisio el Exiguo propuso tres fechas para la Natividad y, por consiguiente, año nuevo: 25-XII, 25-III y la Pascua Florida. Así, algunos reinos adoptaron una y otros otra y algunos hasta otra que no había sido propuesta por Exiguo en el 525 pero las que ya se habían venido barajando hacía tres siglos (Ambelain 2002:48, 304), como es el caso de la del 6-I, todavía celebrada por la iglesia de armenia y por lo que se le quedó el nombre de Epifanía: manifestación (en el sentido que Cristo se manifestó en el humano Jesús), a la actual fiesta católica de “Los Reyes” y la que seguramente deviene de la fiesta romana del Nacimiento –del tiempo (J/Yanus, de ahí enero, dios de dos caras, el pasado y el presente), el que se renueva constantemente. Y encima de eso surgió otro problema: algunos comenzaron el año no con el Natalicio, sino a la semana, con la Circuncisión. Fue el caso de los reinos francos, los que poco a poco fueron influyendo en otros países y adoptando la misma norma, pero se tardó. El país que nos interesa es obviamente España, mas recordemos que todavía en el s. XVI Iberia estaba dividida en reinos independientes y cada uno tenía su propio año nuevo aunque la mayoría hubiese preferido, incluso en casi toda Europa, el 25-III; luego lo fueron permutando al 25-XII y finalmente en 1567 el reino unificado comenzó su año el 1-I, día de la Circuncisión, lo que no es nada tardío comparado con Inglaterra quien todavía en 1752 celebró su año nuevo el 25-III. Como evidencia de lo anterior, Motolinia (1996:160) dice que los “modernos cristianos… comienzan el año” en la Natividad y otros en la “Encarnación” (Colón [y Landa] en el diario de su Primer Viaje menta el día de la Anunciación el 18-XII); su Memoriales está redactado entre 1530-1550, y en los Anales de los Xahil, NB 568, p. 171, encontramos: “Para que la fecha sea exacta es preciso leer 1559, pero el autor escribió 1558, porque entonces el año principiaba en Pascua.” ¿Pero cuál?, porque como vamos a ver enseguida, había dos más, aparte de la litúrgica o mayor.

Ya vamos viendo que el 25-III no sólo era Natividad-año nuevo, sino que también tiene rastros de haber sido la enigmática Pascua fija. Aunado a lo anterior, el conflicto de la unificación pascual se agudizó cuando se empezaron a dar cuenta que la fecha oficial y la lunación no coincidían; resultó obsoleto celebrar una fiesta de plenilunio sin plenilunio. Profundicemos en la resolución de tales fechas:

Ahondando en las raíces de las propuestas podemos vislumbrar que una de las razones primordiales que pudieron haberlas originado es que antes del cristianismo Roma celebraba importantes fiestas en marzo, la de Anna Perenna (Anna = anno, año, anual, la que vive todo el año, y Perenna = Inmmortal) el 15, o sea el Idus, plenilunio (una razón más para relacionarla con Nuestra Señora de Marzo) y la de Attis, un dios (nacido de virgen un 25-XII) a quien lloraban su muerte el 23 pero el regocijo el 25, llamado festival de Hilaria, Alegría (eclecticismo de ritos traídos del cercano oriente, Grecia y Egipto y el que perduró en Roma hasta el s. IV: Mettinger 2001:106, 118, 121-123, 127-131, 135, 149, 158, cuando el cristianismo se implementaba como religión imperial), día de su renacimiento y por lo tanto año nuevo. Este solemne día, 25, había sido fijado por la iglesia católica no como el de la Resurrección, sino como el de la verdadera Crucifixión (otra de las razones primordiales), deducida por san Hipólito (Ambelain 2002:48) y basado en la festividad judía del plenilunio de Nisán, festividad de orígenes aún más antiguos de dioses que solían morir y o resucitar, incluso al tercer día, alrededor de la primavera (Mettinger 2001), lo que en la mayoría de los casos también marcaba el reciclaje del año. Mettinger y Ambelain postulan que en el tiempo y lugares en que Jesús se movió y alrededores, se practicaban tales tradiciones, por lo que Jesús no sólo debió haber estado familiarizadas con ellas sino de allí debió haber alimentado la idea y creencia en los discípulos de resucitar al tercer día, además de que se creía que el alma abandonaba definitivamente el cuerpo al tercer día, llamada la segunda muerte. Y tal fue la similitud encontrada sobre la vida y liturgia de Mithra (también nacido de virgen y en una cueva) con la de Jesús que Tertuliano (s. II) al tener conocimieto de ella, “fuera de sí, afirmaría que eso era obra del Demonio”, quien sabía lo que iría a pasar un milenio después. (Ambelain 2002:185-190, esp. 189) Como se puede percibir, Anna y Attis eran (semi)dioses que tenían alguna relación con la vegetación, el florecimiento y resurgimiento de la naturaleza, de allí que a la Pascua de Resurrección también se le conozca como Pascua Florida.

Andando el tiempo algunos lugares recordaban la Crucifixión siempre el 25 y otros más tradicionales preferían que la Pascua de Resurrección cayera siempre en domingo bajo la siguiente regla eclesiástica, simplificada: el primer Domingo de Cuaresma tenía que caer entre el 2 y el 8 de marzo. Aquel glorioso año cayó el 6, el día de “la gracia”. Como corroboración menciona Topiltzin que la “Pascua de 1521 según el “calendario” de DC, y del mismo Cortes, quien al principio la sitúa ortodoxamente el 31 de marzo, pero parece que luego se le olvida (o quizás fue alrevés) y sitúa la Pascua de Espíritu Santo seis semanas más tarde, en vez de siete; es decir, recontó desde el 24 de marzo, como [igual que] DC…” (por lo que de acuerdo a la regla semifija el primer Domingo de Cuaresma fue 3 de marzo ese 1521) ya que, continuando con Topltzin, “Desde los albores del cristianismo se había fijado la Crucifixión al 25 de marzo y la Resurrección al 27, y así se estuvo celebrando durante muchísimos años, incluso paralelamente con el año lunisolar, aunque ya para el s. XVI había caído en desuso.” (Topiltzin II 2007:630) Pero se quedó corto porque Peter Lindeström en su Geographia Americae (Voyage to New Sweden) (versión inglesa) narra detalladamente, y no sin poco asombro, la celebración de la Pasión durante la Semana Santa en Gran Canaria: la procesión y entierro de Jesús el 25 de marzo, de la que él se sorprendió no sólo por la pomposidad y realidad del rito, sino de la fecha y el día de la semana –Miércoles; él era ingeniero, sueco y muy luterano. La Pascua Florida oficial cristiana caería el Domingo 5 de abril ese 1654. (La descripción de la Pasión que se da en los sitios de las hermandades de Castilblanco y Cádiz encajan perfectamente con la narración de Lindeström, 1962:84-90, y en este de Utrera http://www.veracruzdeutrera.es/Historia.html hay constancia de que al menos “desde 1479 Canarias” [seguramente sólo Gran Canaria porque Tenerife todavía no se conquistaba] estaba ligada a una cofradía de la Vera Cruz; Lindeström contó ya entonces 11 conventos sólo en la capital)

Otra “gota” más sumadas a las tres de Topiltzin II y de las que yo ya he hecho un menjurje es muy clara: se ha registrado en la Historia que el domingo que Herónimo de Aguilar llegó a Cozumel, en el preciso momento en que rezarpaban, fue el primero de Cuaresma, se deduce que 6 de marzo (de lo contrario tendríamos que remover un chorro de fechas), como ya lo hemos recalcado, y si ésta fue la Cuaresma litúrgica correcta empezando el Miércoles de Ceniza 2 de marzo, la Pascua de Resurrección tendría que haber acaecido seis semanas más tarde, el 17 de abril, no el 24; algo incuestionablemente no checa. Y es obvio que DC a veces tiene hasta dos días de error en sus datas, sobre todo cuando intenta liarlas con el día semanal, pero no más, salvo en un par de ocasiones inmediatamente después de La Noche Triste. Por ejemplo su fecha 4 de marzo, analizando su propia reseña, viene a resultar quizá 5 y más probablemente 6, domingo, concordando con Ixtlilxóchitl. Mas esto no es raro, en esa época cada uno tenía que construir su propio calendario con la ayuda de una “letra dominical” y un “número aureo”. En el diario de Colón, quien sólo tenía algunas semanas en la mar, se le aprecian algunas incongruencias con el día semanal.

Volviendo a nuestro cronista, es imprescindible subrayar que había participado en las dos incursiones anteriores junto con Hernández de Córdoba y Grijalva y se había percatado en esas dos aventuras de la trascendencia y magnitud de los viajes; había intuído que estaban haciendo historia, cosa que ni siquiera a Cortés se le había ocurrido y su Primera Carta de Relación, o lo que se sabe de ella, lo delata: totalmente carente de fechas, números y detalles (con excepción del botín obtenido), así que en su tercer viaje, el histórico, debió haberse armado no sólo de pólvora sino de papel y lápiz para grabar detalladamente los pormenores del periplo, porque no es posible que todo lo haya recordado 40-50 ó 60 años después cuando decidió escribir su “Verdadera Historia”, contraatacando y desvirtuando la narración de otros que ni siquiera habían sido testigos oculares. Y pregunto: Por qué no sólo no se le da crédito aquí, sino tácitamente se le ridiculiza, y sí en la fecha de la capitulación azteca (2½ años después), en la que como para no plantar la duda también menciona que fue el Día de san Hipólito (pero ojo, no indica el día semanal), y en la de la Entrada a Tenochtitlan, en la que, según yo, tiene un día de error; pero esto ya es tela de otro corte, el que diseñaré más tarde, así como subterfugiamente voy tejiendo la verificación de que la Profecía de Quitzalcúatl se cumplió ese Viernesanto.

Es hasta cierto punto comprensible que en la jungla donde se encontraban y con varios años lejos de la madre patria (Cortés desde 1504 y DC desde 1514 pero Cuba era ya una colonia bien establecida, así que hay otro motivo) era difícil estar al día con las complicadas fechas de la Pascua móvil, es la tesis de Topiltzin II, sin embargo él no se imaginaba que incluso en tierras civilizadas ya por el cristianismo y más de un siglo y medio después, todavía se siguiera celebrando la Pascua alrededor del 25 de marzo, y concluye: “… El año de 1519 coincidió, gloriosamente, con esta fecha inamovible (año solar): Viernes de Crucifixión el 25 y Resurrección el 27…”. Tal aseveración la confirma el enlace de La Hermandad de la Vera Cruz de Torrejón, http://hermandadveracruztorrejon.com/historia/ el que textualmente dice que desde mediados del s. XIV (1341 da fin a la dominación mora en esa región aunque Granada cayó hasta principios de 1492), había “una Semana Santa externa, paralela a la litúrgica, en la que se vive la Pasión de Cristo.” Tanto Cortés como el nuevo allegado, Aguilar, quien tenía “órdenes de Evangelio” (DC), debieron haber conocido perfectamente la tradición; y no me parecería extraño que incluso este ecijano hubiese sido miembro de alguna cofradía de la Vera Cruz de las que tanto polulaban en Andalucía, ya que ambos (incluso Colón, quien vivía en Portugal, y todos los reyes ibéricos, y en extremo Isabel la Católica) eran fieles devotos de la Virgen de Guadalupe, la original. Tal parece que ya desde entonces Andalucía-Extremadura era la meca del catolicismo peninsular.

Nadie duda que el nombre de La Rica Villa de la Vera Cruz es debido a la “Santa Cruz”, que entonces también se celebraba de fijo el 3 de mayo (en muchos países europeos es conocido como la fiesta del Palo de Mayo, el renacimiento de la vegetación y por lo que en los países católicos se le adorna con flores, cuyo origen también deviene de la fiesta de At(t)is a quien enterraban simbólicamente como un tronco de árbol), pero la “Vera” (y no la Santa), y la que Cortés con tanto celo adoraba, era indiscutiblemente la del Viernesanto. Pero cuál Viernesanto, el semifijo (que entonces coincidió con el fijo) o el móvil. Para mí no hay duda, para la Historia tampoco. Usted con quién se va, con melón o con sandía?

La Historia para que sea Historia tiene que ser verdad, de lo contrario se queda chica, como historia o historieta o leyenda. No soy de los que piensan que la ciencia para ser ciencia tiene que ser demostrable en el laboratorio, ni siquiera en la realidad fenomenológica, sólo en la realidad eidética (Si pienso, existo; y no necesito un cuerpo biológico para pensar), pero cuando dos ideas se contraponen, una de ellas siempre resulta ser más lógica, más creíble y aceptable y entonces, reinterpretando a Einstein, la teoría verdadera podría resultar falsa ante la veracidad de su falsedad. Con esta idea comencé mi discurso, porque para mí como para Einstein, o Unamuno, la verdad, al no creerla, es mentira, y Einstein cambió la percepción del universo, ¿será capaz mi teoría de cambiar la Historia? Le tomó 1500 años a la ciencia aceptar que no era el Sol quien giraba alrededor de la Tierra, la teoría geocéntrica resultó al final falsa y Galileo desde su “cruxificción” pudo gritar con razón: e pur si move. Sé que mi tesis es muy controversial, no espero que se me aplauda voy a recibir mucha crítica, incluso peyorativa, pues es mucho más cómodo idiotizar que razonar, pero me conforma Schopenhauer: Primero se ríe uno de la nueva idea, luego la ciencia la empieza a reconsiderar y al final se toma como obvia; y qué puedo hacer si no he podido tragarme la píldora: “Atreverse es perder el balance un momento; no atreverse es andar perdido el resto de la vida” –Kierkegaard. De todos modos aunque no “triunfe” por ahora mi hipótesis, refiriéndome a Popper y a Kuhn, la fecha del 22 de abril no tiene la suficiente fortaleza para mantenerse victoriosa 500 años más y espero que cuando Veracruz festeje su primer milenio de existencia lo haga un 25 de marzo, porque para sus primeros 500 ya no hay manera de cambiarles el chip.

El misticismo de la fecha del “Descenso de 1519” se pone al fin en tela de juicio. Si Sandía tiene razón, la pregunta corolaria que se desprende es, porque las casualidades no existen, ¿por qué tenía Cortés que descender de las “aguas sagradas”, tiuatl, de donde nace el Sol, el día preciso en que la Santa Iglesia Católica había ordenado y creído desde la antigüedad como el de la Vera “Cruxificción”, 25 de marzo, y además coincidiendo con Viernesanto, y en Calendario Azteca con el día del Renacimiento y la fecha que el sacerdote-rey Quitzalcúatl había profetizado volver? ¿Y también se puede tomar como casualidad que el día de la caída de Tenochtitlan haya sido el del santo Hipólito, el rabioso padre cristiano que incluso luchó contra un Papa y el que a fines del s. II formalizara el 25 de marzo como la fecha exacta de la Crucifixión? Son dos “casualidades” que la Historia no podría explicar aunque se las preguntase y constituyen las respuestas que irán disolviendo el misticismo del Viernesanto de 1519, las que algunas de ellas ya están clarificadas desde el 2007 en Y el Viento Volvió.

Referencias:
Ambelain, Robert, Jesús o el Secreto Mortal de los Templarios, Roca, Barcelona 2002
Ambelain, Robert, El hombre que creó a Jesucristo, Roca, México, 1992, pp. 224, 249
Coín Cuenca, L. M., La carabela Niña de Cádiz y el primer viaje de Colón, 1993
Coín Cuenca, L. M., Una travesía de 20 días…, Universidad de Cádiz, 2003
Comellas, J. L., El Cielo de Colón, Tabapress, 1991
El País, Ciencia, Historia, “¿Por qué empieza el año el 1 de enero?”, Mónica Cornejo Valle, 1/I/16
Lindeström, Per, Resa till Nya Sverige, Natur och Kultur, Stockholm, 1962
Mettinger, Tryggve, The Riddle of Resurrection, Almqvist & Wiksell International, Stockholm 2001
Nordisk Familjebok, “Kronologi”, Stockholm, 1911
Topiltzin II, Y el Viento Volvió, 2007, http://www.trafford.com/05-2261
Universidad Nacional Autónoma de México, Anales de los Xahil, México, 1993
https://www.artehistoria.com/es/contexto/la-conquista-de-méxico
https://www.catholic.org/lent/easter.php

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https://www.elmundo.es/opinion/2016/12/24/585d68ab268e3e9b5b8b45cd.html
https://elpais.com/elpais/2015/12/30/ciencia/1451501260_267462.html
https://forosdelavirgen.org/73362/jesus-nacio-verdaderamente-el-25-de-diciembre-2013-12-18/
http://veracruzcadiz.es/historia/
https://sectormaritimo.es/diez-tipos-de-embarcaciones-a-vela
https://hermandadveracruzcastilblanco.wordpress.com/hermandad/historia/
http://hermandadveracruztorrejon.com/historia/
http://www.veracruzdeutrera.es/Historia.html
http://www.observadores-cometas.com/Star_of_Bethlehem/Spanish/Navidad.htm
http://profeciasyrevelaciones.blogspot.com/2013/12/nacio-jesus-un-25-de-diciembre.html?=1

 

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Sufrir y Perdonar

Desde hace muchos años he venido diciendo, porque así lo concebí, que hemos venido (a la Tierra) a sufrir, no a ser felices como científicos, religiosos y gente común cree. Esto me grangeó incontables discusiones en un mundo (hay otros más filantrópicos) tan hedonista como el nuestro. También se me dijo” que el perdón es un derecho inalienable pero de doble punta: tanto tienes derecho de ser perdonado como poder para perdonar, sea lo que fuere. Un día me quedé pensando qué era primero, el huevo o la gallina, un poco inseguro de determinar si el objetivo esencial de nuestros pasajes por la Tierra es el de sufrir o el de (aprender a) perdonar. Proclamar que hemos venido a sufrir también resulta un tanto ambiguo y otro más difícil de deglutir, por lo que la aseveración amerita un análisis, aunque, lo lamento, éste no va a ser lo suficiente somero como yo desearía. Quizá en otro momento lo explique más concienzudamente.

Empiezo con la premisa de que sufrir no puede constituir un objetivo en sí, una meta; la meta debe ser el perdón. Cuando aprendes a perdonar, tú te vuelves perdón: Tú = Perdón, o Tú (Yo) + Perdón = 1; 1 = Dios, por lo tanto te conviertes en deidad, porque Dios = Perdón. Dios no juzga y mucho menos condena. Y te lo voy a ir desmenuzando poco a poco para que tú lo concluyas.

Ahora bien, el preámbulo del perdón es la justificación pero para justificar necesitas primero “andar en sus mocasines”; es decir que debes conocer a la persona, tratar de comprenderla en todos los aspectos al 100 % –empatía total.

Mientras no hay empatía no hay comunicación; mientras no se dé la comunicación no se puede dar el entendimiento y sin entendimiento no hay coordinación, cooperación, sinergia, ni siquiera síntesis. ?Me vas siguiendo porqué Dios no puede condenar?

La meta es una cuesta a la que intentas llegar. La característica primordial de la meta es la superación, y aunque sí es cierto que con el sufrimiento hay superación, no se puede tomar como objetivo, sino más bien como un resultado-efecto del esfuerzo por superarse, por vencer la cuesta. Así como al competir deportivamente para superarte produce tu cuerpo ácido láctico y dolor muscular (envenenamiento) como consecuencia, el sufrimiento en sí no es la meta aunque sí se pueden dar casos, porque los hay, en lo particular, mi caso es muy tangible: yo competía para obligarme a esforzarme, a sufrir, nunca para hacer récord o ganar medalla; mi meta era doblegar el sufrimiento a tal grado que incluso me desmayara. Incluso pensaba: si hago récord mundial o gano la de oro sin esforzarme a todo, no quedaré satisfecho, pero si quedo en último muriéndome, quedaré feliz con mi desempeño. Lo normal es que la mayoría, supongo, tenga como meta una marca o una posición, pero aún así, la meta no puede estar desligada del sufrimiento que implica el esfuerzo o la ambición de alcanzar el objetivo.

A la conclusión a la que llego es entonces que el objetivo de nuestra encarnación es el perdón: a todo y a todos; quiero decir que no sólo a personas, sino a animales, vegetales, catástrofes naturales (la Tierra no es un montón de tierra inerte, es un ente viviente que siente, vive, tiene emociones incontrolables, ataques de ira, etc. como cualquier persona) políticos, papas, sacerdotes, y hasta Dios. ?Por qué hasta Dios? Porque el perdón implica:

1. Comprensión

2. Justificación

3. Amor

4. Sufrimiento

Todo está entrelazado e interactúa: el amor no se puede dar sin sufrimiento ni tampoco el perdón sin amor. Para perdonar se requiere un cambio de chip, de estructura, de modelo referencial. Perdonar es como el dolor de parto: Cuando has perdonado te envuelve una dulzura y paz-felicidad-satisfacción muy parecida al parto. Entonces los que condenan (a alguien o a Dios inculpádole de alguna catástrofe) es porque no le pueden comprender, y no le comprenden porque no le conocen, porque no se han tomado la molestia de estudiar y reflexionar el mapa histórico del “pecador” y de sentarse allí, en el banquillo del acusado, con todas las virtudes pero también con todos los defectos, pues cuando lo hagas despojándote de tods esas virtudes deíficas que te has colgado en el cuello, te darás cuenta que TODO ES PERDONABLE.

Y ahora te regalo una profecía: si llegas a la conclusión, o mejor, a concienzar, de que has venido a perdonar, entonces entenderás que no hay perdón sin amor, que el amor es imprescindible para perdonar y que por lo tanto todo es perdonable; y si todo es perdonable, todo es también amable, por más ruin que a algunos les parezca. Si lo logras estarás consciente que tu paso por esta vida no ha sido de balde y dejarás la Tierra como ganador, sin temor, porque tú bien sabrás que has alcanzado la meta, que has vencido a la muerte porque te has convertido en la imagen encarnada de Dios.

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