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Archive for the ‘Sentimientos’ Category

Sentimientos II

Si estás de acuerdo conmigo en todo lo que dije anteriormente, perdóname por decepcionarte: metí algunas contradicciones que sirvieran como estímulo para promover un caos encefálico. Lamento decirte que estás equivocado. Los sentimientos nos engañan -SIEMPRE. Por eso nunca podemos confiar en ellos.

Bueno, entonces los sentimientos no son sagrados, aunque sean esenciales, aunque nos revuelvan la vida, aunque nos organicen la historia. Claro que les podemos dar ese título sólo para asentar que son importantes, difíciles de controlar, pero no incontrolables; imposible de detener su engendro pero viable su muerte por inanición o la detención de su crecimiento. Muy sabio es el adagio aquel: No podrás evitar que un águila se pose en tu cabeza, pero evitar que haga nido, sí.

No son inamovibles, en realidad son mutantes: hoy te enamoras de uno y le juras amor eterno y mañana te derrites por un compañero de trabajo. Entonces te das cuenta que te molestan sus ronquidos, te repugna su odor, incluso hasta que te cele, cuando antaño te hacían sentirte orgullosa, protegida y amada.

San Pedro traicionó a su amado maestro sólo algunos minutos de haberle prometido total fidelidad. Y aquí estamos hablando de un amor limpio, venerable, irreemplazable. Qué pasa entonces con el amor sexuado, cuando todas las mujeres y hombres son reemplazables.

Es bueno casarse por amor, pero no te creas que amarás y/o te amarán para siempre. El amor sí es eterno, lo que pasa es que no sabemos lo que es el amor y con bastante frecuencia nos engañamos cuando creemos estar enamorados. Amor no es vista, no es posesión, no es edad, no es frescura, no es novedad, y sobre todo NO ES SEXO, aunque en muchos idiomas sexo y amor sean sinónimos y en español (e inglés) sólo medie el verbo hacer, lo que equivale a erotismo, no amor.

Los sentimientos nos guían, por eso cometemos tantas tonterías, porque nos dejamos seducir por la pasión, por la lujuria, por el placer, por lo estético, por lo caro, y a veces como Casanova, por lo imposible, por la aventura. El día que podamos controlar los sentimientos podremos controlar nuestras vidas y entonces dejaremos de ser esclavos de la sensualidad, de las necesidades que en realidad no son necesidades, porque son necesarias hasta que te decides que no lo son. Esa es la única forma de ser pleno, de conseguir la felicidad. Esta es la fórmula que nos legó Buda hace 2500 años y todavía los psicólogos no han podido desentrañarla… y no pueden hacer felices a sus pacientes, ni a ellos mismos.

Válgame esta pequeña introducción para irnos adentrando poco a poco a las pasiones como los celos, la fascinación, el embeleso, el miedo, la inseguridad y a ver a dónde llegamos.

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Grrr, los Sentimientos

Los sentimientos son sagrados, los defendemos más que nuestras propias convicciones; más que nuestro futuro (quizá porque estamos convencidos que los sentimientos es nuestro futuro o que el futuro no es nada sin los sentimientos); más que las niñas de los ojos, es decir que estamos dispuestos a perder un ojo, y la cara, por nuestros sentimientos; y a veces más que nuestro trabajo, arriesgando a quedarnos sin salario. Y pasa con harta frecuencia que cuando creemos defender una convicción lo que en realidad estamos haciendo es defender nuestro malherido orgullo. Los sentimientos son pervasivos, indóciles e insolentes, se meten dondequiera y conquiera.

Discutir podemos sobre política, historia y hasta religión: Si Jesús o Buda existieron o es puro cuento; si Hitler estaba en lo correcto, ya que así no habría conflictos en Palestina; si la colonización de América no fue invasión, etc. Pero los sentimientos no se discuten, son inapelables, imparables, inminentes, insobornables(?), privados, obstinados, arraigados, inamovibles, ilógicos, y hasta indecentes.

Porque los sentimientos nunca engañan. Podríamos estar equivocados en algunas ideas, creencias, conceptos, pero en amor… todos sabemos cuando amamos y todos sabemos cuando odiamos. Todos hemos vivido la impresión caótica que se suscita en el amor a primera vista; es imposible ordenar nuestros pensamientos. También hay caos cuando vemos a alguien que nos desagrada, pero de otra índole.

Los sentimientos nos guían. Cuando alguien nos fascina y a los demás no, tratamos de racionalizar nuestros gustos destacando sus (falsas) virtudes, y cuando no nos gusta nos cegamos a esas virtudes aunque sean evidentes. Pero es que es trabajadora y honesta. Y la madre contradice: precisamente, no tiene educación, aunque en realidad lo que está ocultando, si es que no se atreve a expresarlo, es que no tolera los rasgos de indígena, porque si fuera alta y rubia aunque no tuviera ningún título universitario sería bien aceptada como la esposa del hijo.

Los sentimientos nos guían, a veces al cadalso. Por eso quiero discutir los sentimientos.

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