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Archive for 10 octubre 2018

Sufrir y Perdonar

Desde hace muchos años he venido diciendo, porque así lo concebí, que hemos venido (a la Tierra) a sufrir, no a ser felices como científicos, religiosos y gente común cree. Esto me grangeó incontables discusiones en un mundo (hay otros más filantrópicos) tan hedonista como el nuestro. También se me dijo” que el perdón es un derecho inalienable pero de doble punta: tanto tienes derecho de ser perdonado como poder para perdonar, sea lo que fuere. Un día me quedé pensando qué era primero, el huevo o la gallina, un poco inseguro de determinar si el objetivo esencial de nuestros pasajes por la Tierra es el de sufrir o el de (aprender a) perdonar. Proclamar que hemos venido a sufrir también resulta un tanto ambiguo y otro más difícil de deglutir, por lo que la aseveración amerita un análisis, aunque, lo lamento, éste no va a ser lo suficiente somero como yo desearía. Quizá en otro momento lo explique más concienzudamente.

Empiezo con la premisa de que sufrir no puede constituir un objetivo en sí, una meta; la meta debe ser el perdón. Cuando aprendes a perdonar, tú te vuelves perdón: Tú = Perdón, o Tú (Yo) + Perdón = 1; 1 = Dios, por lo tanto te conviertes en deidad, porque Dios = Perdón. Dios no juzga y mucho menos condena. Y te lo voy a ir desmenuzando poco a poco para que tú lo concluyas.

Ahora bien, el preámbulo del perdón es la justificación pero para justificar necesitas primero “andar en sus mocasines”; es decir que debes conocer a la persona, tratar de comprenderla en todos los aspectos al 100 % –empatía total.

Mientras no hay empatía no hay comunicación; mientras no se dé la comunicación no se puede dar el entendimiento y sin entendimiento no hay coordinación, cooperación, sinergia, ni siquiera síntesis. ?Me vas siguiendo porqué Dios no puede condenar?

La meta es una cuesta a la que intentas llegar. La característica primordial de la meta es la superación, y aunque sí es cierto que con el sufrimiento hay superación, no se puede tomar como objetivo, sino más bien como un resultado-efecto del esfuerzo por superarse, por vencer la cuesta. Así como al competir deportivamente para superarte produce tu cuerpo ácido láctico y dolor muscular (envenenamiento) como consecuencia, el sufrimiento en sí no es la meta aunque sí se pueden dar casos, porque los hay, en lo particular, mi caso es muy tangible: yo competía para obligarme a esforzarme, a sufrir, nunca para hacer récord o ganar medalla; mi meta era doblegar el sufrimiento a tal grado que incluso me desmayara. Incluso pensaba: si hago récord mundial o gano la de oro sin esforzarme a todo, no quedaré satisfecho, pero si quedo en último muriéndome, quedaré feliz con mi desempeño. Lo normal es que la mayoría, supongo, tenga como meta una marca o una posición, pero aún así, la meta no puede estar desligada del sufrimiento que implica el esfuerzo o la ambición de alcanzar el objetivo.

A la conclusión a la que llego es entonces que el objetivo de nuestra encarnación es el perdón: a todo y a todos; quiero decir que no sólo a personas, sino a animales, vegetales, catástrofes naturales (la Tierra no es un montón de tierra inerte, es un ente viviente que siente, vive, tiene emociones incontrolables, ataques de ira, etc. como cualquier persona) políticos, papas, sacerdotes, y hasta Dios. ?Por qué hasta Dios? Porque el perdón implica:

1. Comprensión

2. Justificación

3. Amor

4. Sufrimiento

Todo está entrelazado e interactúa: el amor no se puede dar sin sufrimiento ni tampoco el perdón sin amor. Para perdonar se requiere un cambio de chip, de estructura, de modelo referencial. Perdonar es como el dolor de parto: Cuando has perdonado te envuelve una dulzura y paz-felicidad-satisfacción muy parecida al parto. Entonces los que condenan (a alguien o a Dios inculpádole de alguna catástrofe) es porque no le pueden comprender, y no le comprenden porque no le conocen, porque no se han tomado la molestia de estudiar y reflexionar el mapa histórico del “pecador” y de sentarse allí, en el banquillo del acusado, con todas las virtudes pero también con todos los defectos, pues cuando lo hagas despojándote de tods esas virtudes deíficas que te has colgado en el cuello, te darás cuenta que TODO ES PERDONABLE.

Y ahora te regalo una profecía: si llegas a la conclusión, o mejor, a concienzar, de que has venido a perdonar, entonces entenderás que no hay perdón sin amor, que el amor es imprescindible para perdonar y que por lo tanto todo es perdonable; y si todo es perdonable, todo es también amable, por más ruin que a algunos les parezca. Si lo logras estarás consciente que tu paso por esta vida no ha sido de balde y dejarás la Tierra como ganador, sin temor, porque tú bien sabrás que has alcanzado la meta, que has vencido a la muerte porque te has convertido en la imagen encarnada de Dios.

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