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Archive for 19 julio 2010

Sentimientos II

Si estás de acuerdo conmigo en todo lo que dije anteriormente, perdóname por decepcionarte: metí algunas contradicciones que sirvieran como estímulo para promover un caos encefálico. Lamento decirte que estás equivocado. Los sentimientos nos engañan -SIEMPRE. Por eso nunca podemos confiar en ellos.

Bueno, entonces los sentimientos no son sagrados, aunque sean esenciales, aunque nos revuelvan la vida, aunque nos organicen la historia. Claro que les podemos dar ese título sólo para asentar que son importantes, difíciles de controlar, pero no incontrolables; imposible de detener su engendro pero viable su muerte por inanición o la detención de su crecimiento. Muy sabio es el adagio aquel: No podrás evitar que un águila se pose en tu cabeza, pero evitar que haga nido, sí.

No son inamovibles, en realidad son mutantes: hoy te enamoras de uno y le juras amor eterno y mañana te derrites por un compañero de trabajo. Entonces te das cuenta que te molestan sus ronquidos, te repugna su odor, incluso hasta que te cele, cuando antaño te hacían sentirte orgullosa, protegida y amada.

San Pedro traicionó a su amado maestro sólo algunos minutos de haberle prometido total fidelidad. Y aquí estamos hablando de un amor limpio, venerable, irreemplazable. Qué pasa entonces con el amor sexuado, cuando todas las mujeres y hombres son reemplazables.

Es bueno casarse por amor, pero no te creas que amarás y/o te amarán para siempre. El amor sí es eterno, lo que pasa es que no sabemos lo que es el amor y con bastante frecuencia nos engañamos cuando creemos estar enamorados. Amor no es vista, no es posesión, no es edad, no es frescura, no es novedad, y sobre todo NO ES SEXO, aunque en muchos idiomas sexo y amor sean sinónimos y en español (e inglés) sólo medie el verbo hacer, lo que equivale a erotismo, no amor.

Los sentimientos nos guían, por eso cometemos tantas tonterías, porque nos dejamos seducir por la pasión, por la lujuria, por el placer, por lo estético, por lo caro, y a veces como Casanova, por lo imposible, por la aventura. El día que podamos controlar los sentimientos podremos controlar nuestras vidas y entonces dejaremos de ser esclavos de la sensualidad, de las necesidades que en realidad no son necesidades, porque son necesarias hasta que te decides que no lo son. Esa es la única forma de ser pleno, de conseguir la felicidad. Esta es la fórmula que nos legó Buda hace 2500 años y todavía los psicólogos no han podido desentrañarla… y no pueden hacer felices a sus pacientes, ni a ellos mismos.

Válgame esta pequeña introducción para irnos adentrando poco a poco a las pasiones como los celos, la fascinación, el embeleso, el miedo, la inseguridad y a ver a dónde llegamos.

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